Hay un tipo de cansancio que no se arregla durmiendo. Ese cansancio de ir sosteniendo cosas todo el día: mensajes, tareas, familia, trabajo, emociones… y encima intentar estar bien.
A veces no estamos “mal”, pero sí desbordadas. Y para mí, ahí no hace falta hacer más. Hace falta volver a casa. Volver al cuerpo. Volver a sentirnos por dentro.
Si te gusta la naturaleza y eres de las que notan la energía, hay dos aliados maravillosos que uso para recuperar calma: la naturaleza y Reiki. Dos caminos distintos… con el mismo destino: tú.
Seguro que te ha pasado: estás tensa y sales a caminar, ves árboles, te da el aire, escuchas el mar… y algo se recoloca. La naturaleza no te exige que expliques nada ni que lo hagas perfecto. Te recuerda: “respira, estás aquí.” A veces basta con mirar una planta, sentir el sol en la piel o pisar tierra unos minutos para que el cuerpo afloje y la mente baje el volumen.
Reiki tiene algo que a mí me encanta: no depende de estar en un lugar especial. Es una herramienta que puedes usar en la vida real, tal como es. Puedes recurrir a Reiki cuando te notas acelerada o con ansiedad, cuando estás a punto de entrar en una situación que te impone, cuando vienes con la cabeza saturada después de pantallas o de un día a mil, cuando te quedas removida por un conflicto o por la energía de otras personas, o cuando por la noche estás cansada pero te cuesta desconectar.
¿Y qué suele pasar después? Muchas mujeres notan que la respiración se vuelve más lenta, que la mente deja de correr tanto, que el cuerpo se siente más presente y tuyo, y que baja esa tensión interna que se acumula sin avisar. A veces Reiki se percibe como un calorcito suave, otras como alivio emocional, y otras como una sensación sencilla pero poderosa. Y si algún día no sientes gran cosa, también es normal: no siempre se percibe igual, pero el después suele traer más calma interior.
Lo más bonito de Reiki, para mí, es que no te pide estar perfecta para usarlo. Puedes estar cansada, sensible, saturada… y aun así acompañarte. Es como decirte: “no te dejo sola en esto, vuelvo a ti.” Y eso, en un mundo que nos empuja a aguantar, es un acto de amor enorme.
Si además eres de las que se regulan con la naturaleza, Reiki se vuelve todavía más especial, porque el cuerpo ya entiende ese lenguaje: suavidad, presencia, volver al ritmo natural. Hay días en los que con una ventana abierta, una plantita cerca, un ratito de luz… y Reiki… ya sientes esa calma que antes tardabas horas en recuperar.
Este mes estoy compartiendo mucho Reiki porque lo veo claro: muchas mujeres están viviendo en “modo aguante” y merecen herramientas que estén con ellas y que sí funcionen en el día a día. Si te apetece aprenderlo conmigo, puedes escribirme y te cuento los detalles del curso 🤍
Irene

